23 Dec

Arquitectura abierta

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Es evidente que el título de este artículo es una figura literaria, pues a pesar de que las entidades financieras nos involucramos cada vez más en el negocio inmobiliario,
no creo haya llegado el momento de publicitar que uno de nuestros valores fundamentales sea que las instalaciones y oficinas tengan uno u otro diseño arquitectónico.

Éste es un término cada vez más utilizado por el sector bancario para definir su propuesta de valor en gestión del ahorro. Entendemos por arquitectura abierta la oferta de productos a los clientes no «fabricados» por las entidades del grupo.

De esta forma se pretende destacar la independencia del asesor al seleccionar el mejor producto en el mercado frente a los intereses puramente económicos de cuál es el que mayor ingreso le proporciona.

Pero la pregunta sería ¿cuál es el grado adecuado de independencia? ¿Se es suficientemente independiente cuando la proporción de producto de terceros sobre el propio es de un 5%? Sea cual sea la respuesta, ésta es la ratio promedio del sector financiero español.

El conjunto de bancos y cajas construyen las carteras de sus clientes con un 95% de
producto propio. Bien es cierto que esta ratio varía según se analicen unas u otras entidades, pudiendo llegarse en algunos casos a invertir las proporciones y ser mayoritario el producto ofrecido por terceros frente al propio.

En cualquier caso es un proceso imparable. La presión de los mercados, cada vez más sofisticados, el crecimiento de la cultura financiera de los clientes y la llegada de las grandes gestoras internacionales, hacen cada vez más evidente la necesidad de contar con
verdaderos especialistas en la gestión. Gestoras de la categoría de Fidelity o JP Morgan comercializan sus productos a través de más de cien acuerdos con entidades financieras.

Pregúntese qué fondos de inversión tiene en su cartera y cuántos de ellos son de la gestora de bandera de la entidad financiera que le asesoró en la compra.

Ya saben lo que decía Darwin: «No sobreviven los más fuertes, ni tampoco los más inteligentes, sino aquellos que mejor se adaptan al cambio».

23 Dec

El 40 aniversario de Le Corbusier abre un agrio debate sobre su legado artístico

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La escritura siempre ha preferido convertir al hombre en mito antes que lo contrario.

Por eso siempre sorprende la valentía de embarcarse en el sentido contrario, sin caer en la facilidad de descabalgar con saña al personaje de su peldaño histórico. Mirarlo de frente, sin esconder que toda grandeza suele ocultar no pocas miserias.

Eso intenta el historiador y crítico de arquitectura Jean Louis Cohen, con su  «Le Corbusier, el planeta como obra ». Fue un 27 de agosto de 1965 cuando Charles-Edouard Janneret, nombre real de Le Corbusier, fallecía ahogado a los 78 años, tras un ataque al corazón, mientras se bañaba en las cercanías de su cabaña  «La Maison du Fada » en Roquebrune (sur de Francia).

El personaje sigue despertando hoy interrogantes y pasiones encontradas, y asiste a un despertar del debate sobre su legado arquitectónico en el tetragésimo aniversario de su muerte. Genial y contradictorio.

El texto de Jean Louis Cohen, que sale a la venta el próximo 9 de septiembre y está enjaretado con 500 documentos personales de Le Corbusier raramente publicados, es la obra que más tinta ha hecho correr en Francia. Ajeno a toda polémica, intenta describir al individuo antes que al profeta del cemento, a la persona necesitada de reconocimiento más que al mito, a un suizo genial y contradictorio, dispuesto arrimarse al tronco del poder que más le convenga.

Este libro es a Le Corbusier lo que una piedra basal a cualquier construcción: su pilar imperceptible y cobijado, pero imprescindible para entender la fachada visible. Le Corbusier fue uno de los primeros que aunó los papeles de arquitecto, personaje mediático, provocador casi, toda una figura que consiguió elevar su nombre por encima de sus (muchas) ideas y de sus (pocos) edificios.

Porque pocos le parecían a él, labrado con un ego desmedido, los proyectos que se le encargaban. Descargaba entonces sus teorías en libros que siguen siendo biblias en las universidades, como  «Hacia una arquitectura » (1923) o  «La Carta de Atenas » (1943).

Antisemita declarado y contumaz,  «Le Corbusier, el planeta como obra » prueba cómo Le Corbusier, ávido de encargos, flirteó en vano con la Rusia de Stalin, no le dolieron prendas en el 34 para intentar convencer a Mussolini con su arquitectura racional, luego cortejó al Frente Popular de Léon Blum en el 36, e incluso intentó convertirse en el arquitecto oficial del régimen colaboracionista de Vichy.

Buscó toda su vida convertirse en estandarte

No le valía con edificar viviendas.

Su pensamiento global, criticado o areciado, que mezclaba arquitectura, urbanismo y casi una sociología de los espacios, necesitaba de manos libres para construir una ciudad entera, por qué no un país. De hecho, lo consiguió por fin en la India independizada, en 1960, cuando su mirada cúbica concibió desde cero Chandigarh, ciudad de 500.000 habitantes.

Y fracasó, menos mal, se podría decir, en su sueño de arrasar el centro de París en la posguerra, para levantar un nido de rascacielos cruzados por autopistas.  «Ahora vemos sus proyectos con medio siglo de distancia y nos parecen atroces, pero hay que entenderlos en su época.

Los centros de las ciudades no habían sido rehabilitados », defiende Michel Rocard, director de la Fundación Le Corbusier en París que, quizás para contrarrestar, prepara una edición con textos del arquitecto que enseñan  «su lado afectivo ». Escala urbana . En una explicación más psicológica y plausible, Jean Louis Cohen argumentó al diario  «Le Monde » que  «Le Corbusier es un Don Juan » de la arquitectura:  «La seducción es el ejercicio de la exageración. En realidad, no es un urbanista, sino un arquitecto que construye a escala urbana.

Sus proyectos urbanos son manifiestos […] y él es el resultado de esta esquizofrenia entre el profeta y el poeta ». Desprestigiado quizás con el paso de los años por la relativa decrepitud, arquitectónica y social, de sus famosas  «unidades de habitación » o viviendas colectivas con espacios comunes, quienes lo han estudiado defienden su visión revolucionaria y su capacidad para darle un vuelco a la arquitectura e imponer nuevos conceptos.

«Fue iconoclasta porque combatió a un tiempo el lenguaje clásico y también el art nouveau. Pero creó un modelo todavía de actualidad: un gran interior blanco e iluminado con luz natural, frente al interior del siglo XIX, lleno de objetos y bañado en la penumbra », opina Cohen.

 

23 Dec

Arquitectura virtual y medidores láser

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Un hombre antes de actuar piensa o, si tiene largo experiencia, se deja llevar por sus reflejos que responden a implícitos conocimientos anteriores.

Cuando proyecta una obra de arquitectura que obedece a un programa, su mente, dueña ya de una memoria plena de imágenes, pone en juego su capacidad combinatorio para crear el cuerpo armónico y pertinente.

Por la belleza merece la pena vivir

La belleza que germina fresca es emocionante.

De ahí que nos intrigue su encuentro. Los arquitectos estuvieron siempre a la busca del talismán que les guiara hacia la respuesta.

Se escribieron tratados que, con apoyaturas matemáticas o geométricas, respaldadas empíricamente por las leyes de la naturaleza, aconsejaban con ingenio: La divina proporción, el número de oro, etcétera, marcan pautas desde el tiempo de las Pirámides, Herodoto, Pitágoras… Matila Ghica van señalando caminos que orientan pero no resuelven.

Las culturas crean, a lo largo de su proceso secular, piezas que componen el patrimonio construido y admirado de la humanidad: la vista aprecia el volumen, la luz  y la sombra, los matices del color, se ayuda del tacto en el disfrute sensual de las texturas; del oído en el recuerdo del viento sobre la obra, del olfato en el olor de los materiales orgánicos, madero, telas, alfombras, tejidos.

Patrimonio que se convierte en memorable para los cultos, los historiadores, y en inspirador para quienes sirven a su vocación creadora positiva.

Pintores, escultores y autores del arte grande: La Arquitectura.

Las experiencias derivadas de la contemplación directa de tales obras animan la sensibilidad diferencial de cada arquitecto que, al interpretarlas, irá creando su repertorio. Repertorio que todo vocacional aspira a enriquecer y a pronunciar en idioma propio e intransferible.

En él está el valor de su firma: la contribución a la historia de las imágenes; su trascendencia. La vida eterna quedaría demostrada por el universal deseo de alcanzarlo. Y la búsqueda de la belleza se repite sobre caminos a cuya meta no se llega; estará siempre más allá.

byt-416039_640Cuando nos situábamos frente a un papel en blanco ­tiempos aquellos­ nos sentíamos paralizados ante el vacío. Una cuadrícula bastaba para ponernos en marcha. El lápiz guiado por la intención iba dejando su huella. Huella única que, si negada, borrada, se perdía.

Los volúmenes que, tras un largo proceso, aparecían, resultaban en porte respetables: eran hijos de un lento desarrollo que, paso a paso, había impuesto su presencia.Desde la aparición de los ordenadores de diseño las imágenes desechadas se archivan, nada se pierde; aquella combinatoria entra en juego y permite innumerables variaciones que se ofrecen a la vista para ser juzgadas y, en su caso, aprobadas y disfrutadas.

El número de opciones se multiplica, y, en su selección pueden entrar condimentos, antes inasequibles.

En la memoria de nuestro socio ­el ordenador­ se acumula una extensa biblioteca de recuerdos, materiales, colores, matices, con los que tejemos nuestro proyecto que, además, se va dejando vestir, prenda a prenda y, si queremos, en presencia de nuestro promotor. Además, herrramientas claves en estos días como los medidores o niveles láser son de gran ayuda para los arquitectos.

Él se verá incorporado en la autoría y en el trato del cuerpo arquitectónico que desea, al que habrá acariciado con sus criterios. Naturalmente, el arquitecto resulta el mago prestidigitador que le abre campos inesperados y se los enseña. Hoy, las correcciones actualizadas, son inmediatas. Y esas estampas súbitas sugieren réplicas que animan nuestra fertilidad.

Como efecto final, nos acercamos al objetivo.

Objetivo mucho más refinado que cualquiera de los de ayer.Y, a pesar de tanta facilidad, la belleza se mantiene esquiva. Y el acoso cada día más intenso.A lo largo de los ciento cincuenta últimos años, la tecnología constructiva y la aportación de nuevos materiales a la construcción: el acero, hierro enriquecido, las transparencias de gran dimensión, el vidrio ensamblado, el hormigón armado, últimamente el titanio, etcétera, han permitido alardes que, por el asombro que causaban, satisfacían al protagonismo inevitable y, quizás, conveniente del arquitecto.

El rascacielismo, la verticalidad, es modo que, por sus efectos mercantiles ­sus m2, al estar en la altura, permiten ver lejos­ no decae. Pero la competencia no se contenta con la desmesura: pide algo más.

De nuevo acucia el enigma ¿dónde está la belleza?Las alas de los aviones, abiertas en espectaculares voladizos, vencen, con su elegante esbeltez al rozamiento de un aire que se intensifica en función de la velocidad creciente. La horizontalidad, predicada por F. Lloyd Wright, toma buena nota y orienta arquitecturas que quieren despegarse del suelo en flotación espacial.

Los automovilistas, observadores vertiginosos de extensos paisajes urbanos, aprecian volúmenes y el juego que entre ellos se desarrolla entre perfiladas siluetas.

A su marcha rauda no ven los detalles ni el pormenor, que desaparecen, para quedar reservados al observador cercano y atemperado que gozará de la exquisitez en los herrajes y de la limpieza de los encuentros.Verticalidad, horizontalidad, velocidad han generado una plástica arquitectónica, decantada a lo largo de un siglo, el XX.Pero la ciudad vuelve a recuperarse como escenario y salón del hombre que la vive y la pasea al ritmo sereno de nuestro pálpito.

Reaparece el deseo de primor, del descansado mirar sobre la guapeza. Cada día es mayor el número de visitantes de los museos de Europa, el más culto de los continentes y no precisamente de sus superficies nítidas, sino de las que se labraron en bajorrelieve.En todo este período evolutivo ­150 años­ hemos tenido que imaginar lo que resultaría de nuestros proyectos. La tensión se hacía dramática si el proyecto se materializaba lejos de nuestro centro de operaciones.

Mis primeras obras, que visitaba cada semana, me regalaban sorpresas gratificantes. Pero, a escala natural, en su paisaje definitivo, me sugerían detalles que se debían incorporar a su cuerpo permanente.

El proyecto seguía vivo hasta la culminación de la obra. Los precios contradictorios encarecían. El cliente pagano reñía y todos sufríamos.Hoy, aquel cúmulo de experiencias que se dilataba a lo largo del período constructivo, desde su origen en el primer croquis, se vive día a día, en el estudio propio, cuando sobre la pantalla de nuestro ordenador van apareciendo terminadas nuestras distintas intenciones. Las primeras, secretas, cuando, solos, nos medimos.

Ya, contentos, invitamos a los nuestros y, si recibimos su aplauso, a los futuros dueños. La aventura es continua. Y nuestra profesión con ella se ha hecho mas intensa, apasionante en la sustancia, divertida en los adjetivos.El motor de nuestra vocación nos empuja hacia lo nuevo, lo nunca visto.

La invención convierte al autor en figura.Una manera fácil de alzarse en semejante camino es poner la meta en lo que jamás alguien propuso: voy a hacerlo mal. En esa dirección se han expresado diferentes arquitecturas. El contraventor de las leyes de la gravedad que inclina una torre, de modo que su eje se distancie de la vertical, sufre, claro, el encarecimiento considerable de la estructura pero, por otro lado, logra que se la mire (mientras dura la sorpresa).

Y ¿cuánto costaría en términos publicitarios semejante atención? El autor de superficies epidérmicas insólitas, para cuya realización tortura al esqueleto estructural que las soporta, puede justificar su extravagancia si su obra resulta aclamada.

Pero ¿qué pasaría si tales ejemplos proliferaran?

Ni el Greco, ni Gaudí, ni Ghery, ni Eissenman   crean Escuela (G. a D.). Los dos últimos han podido materializar sus sueños gracias al ordenador.

Las imágenes que sus pantallas reflejaban, fieles en su virtualidad a lo realidad posible, sedujeron a sus promotores.

Pero ¿es éste el camino que ha de seguir la arquitectura liberada, gracias a nuestra computadora, de limitaciones anteriores? o ¿no estamos más que viviendo el sarampión de la puesta en juego de un extraordinario juguete?

El mercado, el máximo común divisor de las opiniones, dictaminará democráticamente.

Pienso que nuestro socio nuevo ­el ordenador tan traído y llevado­ nos permitirá profundizar en los infinitos caminos de la arquitectura lógica no suficientemente explorados.

Y, entre ellos, renacerá la variedad, tan propia de las diferencias naturales de nuestro planeta amigo, en réplica al recetario internacional impuesto por la prepotencia comercial de algunas latitudes.Esta nueva riqueza de la estética varia acentuará el valor de la peculiaridad que, por su distinta ­distinguida y diferente­ apariencia encandiló la curiosidad eterna de los humanos.

Hoy, cuando la velocidad ha reducido distancias, parece conveniente ofrecer en cada punto de nuestro orbe la belleza singular que ahí, justamente ahí, corres- ponde.

Y la versatilidad milagrosa de nuestro nuevo socio es la oferta generosa que el siglo XXI regula al talento.

23 Dec

El esqueleto de la arquitectura nacional

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La arquitectura es un Arte que se proyecta con inspiración  servida por la técnica capaz de realizarla.

Quien la sueña  tiene en cuenta el fundamento estructural de su edificio,  de su ciudad, del entorno sobre el que va a operar.
Ningún arquitecto que quiera eternizar su obra pulveriza  el terreno, si consolidado, sobre el que va a asentar las  cimentaciones de su construcción. Construcción a la que  pertrechará para aguantar los vendavales que  intermitentemente van a azotarla.

La arquitectura de  España parece estar sufriendo hoy la negación de aquellos  principios elementales.

La historia basamental  elaborada a lo largo del pasado merece ser contada en un  lenguaje compartido, soporte culto de nuestro orgullo;  lenguaje, el español es de todos y del mundo, que por  resumir tantos hechos convocadores de cercanías y  distancias, de alegrías y dolores universales, no puede  ser elemento de discordia; más bien se ocuparía de  resaltar los recuerdos comunes felices -que los hay- y así  recrear un amor ante el que se puedan hacer concesiones  que nunca se permitirían frente a un paisaje de odios.

origami2A  medida que avanza la tecnología, su aplicación a la  investigación histórica permite un conocimiento más  certero e imparcial de la materia que debería convertirse  en mensaje pedagógico para entrañarse en el sentimiento de  nuestros hijos. La historia así conocida nos uniría; la  geografía lo haría de modo aún más evidente. La propiedad  de ambos conceptos sería defendida por una fuerza ejercida  potencialmente por un solo ejército, presidido por una  sola cabeza, símbolo pacificador personalizado de una  patria de todos.

Patria que sería representada ante el  mundo por un cuerpo diplomático dispuesto siempre a cuidar  la paz, pero, también, a declararse embajadora de una  fuerza vindicativa desde el conjunto del estado.

Estas  afirmaciones, lugares comunes hasta hace poco, parecen  bastardearse: Si se buscan y desentierran elementos  corrosivos y disolventes de un pasado asumido por  digerido; si se juzgan y critican sectariamente períodos  archivados de la historia; si se denigran,  seudointelectualmente, sentimientos religiosos o místicos,  que fueron argumentos conformadores de nuestra identidad  viva y variable, pero desde su sensato asentamiento; si se  atiende a desmembrar una unidad entronizada secularmente y  consolidada desde antiguo.

Sinrazones todas que  examinadas sorprenden por su coincidencia con los flujos  que socavaron hace doscientos años nuestros fundamentos  nacionales, en beneficio de los dos poderes continentales  máximos en la época, Francia e Inglaterra, cuyo empeño  ejercía especial énfasis en la pérdida de nuestras  colonias, riqueza que engrandecía comparativamente a  España.

En consecuencia, si tales flujos  favorecieron la subversión iberoamericana desde las logias  vecinas que promovían la escisión de aquel continente de  su alma mater, hoy parece que resucitan para desgarrar a  la misma madre, justamente cuando revivía tanto a escala  patria como internacional.

Y resulta lógico suponer la  existencia de un nuevo directorio destructivo  internacional inspirador de su cofradía de secuaces  locales. Prefiero creer que el mal viene pastoreado en  parte desde fuera a suponer que sólo es fruto de un  resentimiento individual localizado.

Tales sicofantes  no tendrán que levantarse en armas para promover la  independencia de sus acólitos y tengo por seguro que no  serán esculpidos como heroicos jinetes a caballo.

La  historia los retratará como merecen: inocuos leguleyos,  mercenarios de un triste poder.

Cuando se predica un  federalismo a ejemplo de otros grandes países, debe  recordarse su apasionada y orgullosa defensa de los  símbolos comunes, de su patria grande, de su nombre y  bandera. Nada que ver con los que nos cuenta un sermón que  niega un sustantivo histórico -España- para sustituirlo  por un apelativo administrativo -Estado español- que ni  siquiera porta estandarte.

La España futura, enraizada  en su semilla milenaria e imperecedera, fructificará  estructurada y alegre tan pronto como se despierte del mal  sueño, para alistarse a uno joven y fresco en el que:

1.la  historia sea la verdadera y así los jóvenes escolares de  Cataluña y el País Vasco que han sufrido a lo largo de los  últimos años su denigración puedan ser recuperados para un  proyecto cordial de patria común en el que se recuerde el  largo período de la reconquista a la que tan heroicamente  contribuyeron ambas regiones;

2.la economía sea ordenada  según un sistema ganglionar cuyos nódulos residan y  resuelvan en cada autonomía; y así se descargue al  sobredimensionado núcleo cardinal que, de este modo,  quedaría circunscrito a ser puro coordinador positivo;  incluso, se convertiría en amable y capaz de ser apreciado  como una de las vitaminas recreadoras del orgullo patrio;  orgullo desde el que se aportaría al conjunto de Europa la  correspondiente contribución hacia un mundo armónico;

3.la  administración eficaz, por competitiva, desde cada  autonomía, será capaz de financiar al centro en sus  funciones de gobierno de la justicia, la educación, la  defensa, la política exterior y las conexiones de la obra  pública de forma que España, coronada y simbolizada por su  bandera, se sienta bien consigo misma en la unidad que se  enriquece con las peculiaridades de cada una de sus  autonomías.

Peculiaridades bien compiladas en Madrid,  ciudad acogedora e imparcial -virtudes aprendidas en más  de 455 años de capitalidad- estación imprescindible del  circuito universal, sede crucial de un idioma que, al ser  vehículo comunicador de cuatrocientos millones de seres,  se convierte en ágora universal de una cultura, la  nuestra.

Al releer lo escrito me digo: Para qué me meto  yo, que nunca me he bajado del andamio, en semejantes  disquisiciones, y me excuso al darme cuenta de que soy un  español más que no se puede contener cuando le tocan su  casa, cuando están intentando hacer temblar la  arquitectura de su España.

17 Dec

Esculturas y dibujos muestran la faceta más íntima del arquitecto Santiago Calatrava

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El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) inauguró ayer la primera retrospectiva dedicada a los dibujos y esculturas del arquitecto valenciano Santiago Calatrava.

Más de un centenar de obras desarrolladas en el campo de la experimentación formal, de investigación y búsqueda, en el que se expresan en toda su libertad y rigor las inquietudes estéticas del constructor, según explicó el director del museo, Kosme de Barañano.

Calatrava, quien duda de su capacidad creadora en este campo, confesó estar muy interesado en la reacción del público tras conocer esta selección.

El arquitecto valenciano de mayor proyección en el mundo, Santiago Calatrava, contempla ahora una parte de sí mismo en el IVAM.

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Esculturas y dibujos que, hasta el momento decoraban las paredes y rincones de su casa, ahora presiden la sala exterior del museo valenciano. Jamás pensó en ellas como parte de una exposición, sino más bien como otra forma de expresión artística más libre y no ligada a las necesidades físicas o a la exigencia funcional del objeto.

Se trata de más de un centenar de obras en torno a los principales paradigmas de su producción: equilibrio, movimiento, flexibilidad, suspensión, biomorfismo y, ante todo, cuerpo humano. Claves presentes en mayor o menor medida en toda su obra y que ahora organizan elocuentemente los objetos.Esta es la primera retrospectiva dedicada a los dibujos y esculturas del artista.

Hasta el momento su trabajo como ingeniero y arquitecto ha copado la atención de comisarios e instituciones. Sin embargo, el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Arnaldo, se interesó por mostrar la cosmovisión de un «creador multiforme».

Íntimo recorrido

Veinte años de trabajo a través de 51 esculturas, 80 dibujos, 5 desplegables de gran tamaño y 15 cuadernos de dibujos. Un íntimo recorrido por la faceta menos conocida de Santiago Calatrava, aunque no por ello menos valiosa.

Una faceta que le ha permitido establecer un diálogo: «Entre mí y mí mismo y siempre con muchas dudas sobre mi capacidad para expresarme a través de la escultura y el dibujo», según explicó ayer durante la presentación. La muestra supone un gran estímulo para este artista que  se mostraba muy interesado en conocer y observar la reacción del público ante esta parte tan desconocida de su producción.

Según el director del IVAM, Kosme de Barañano, los dibujos muestran la habilidad técnica del arquitecto valenciano y cierto anticipo de sus creaciones arquitectónicas. Además son «expresión de emoción» de este creador valenciano, Premio Príncipe de Asturias de las Artes y conocido por sus grandes creaciones arquitectónicas, como la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, la estación del aeropuerto de Lyon o la Estación de Stadelhofen de Zurich.

Calatrava asegura que la arquitectura supone una «dimensión más potente y más fuerte en cuanto a la escala» pese a que es necesario entenderla como un arte y, en consecuencia también lo es la ingeniería. Así, en el dibujo se encuentra la «parte más íntima» y en la arquitectura su proyección.

Acompañado en la presentación por su esposa y su hija, el arquitecto e ingeniero destacó la influencia que desde muy joven han tenido las matemáticas en su creación, además de otras artes, como la música de Bach o de otros artistas como Eduardo Chillida, Pablo Picasso y el propio Julio González, que da nombre a la sede principal del IVAM.

La selección, que podrá ser contemplada hasta el próximo 26 de agosto, ofrece una visión global de sus esculturas y dibujos a través de cinco capítulos. «El ojo como canon» abre la exposición presentando este motivo que tan vital es en la obra del arquitecto, como se muestra en la escultura «Standing bird».

En «El espejo del equilibrio» se encuentran las piezas escultóricas en las que ensaya con «relaciones de equilibrio entre masas sometidas a empujes que alteran su sistema estático». «Sinergia. Formas y modulación de energías», «Máquinas biomórficas» y «El laboratorio de la levedad.

Movimiento y proporción» acogen las grandes piezas, las móviles, y retoman el tema planteado al comienzo de la exposición con la escultura «Winking eye», obra biomórfica que sinula el movimiento de un gigantesco ojo de latón que cierra y abre sus párpados.