23 Dec

Arquitectura virtual y medidores láser

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Un hombre antes de actuar piensa o, si tiene largo experiencia, se deja llevar por sus reflejos que responden a implícitos conocimientos anteriores.

Cuando proyecta una obra de arquitectura que obedece a un programa, su mente, dueña ya de una memoria plena de imágenes, pone en juego su capacidad combinatorio para crear el cuerpo armónico y pertinente.

Por la belleza merece la pena vivir

La belleza que germina fresca es emocionante.

De ahí que nos intrigue su encuentro. Los arquitectos estuvieron siempre a la busca del talismán que les guiara hacia la respuesta.

Se escribieron tratados que, con apoyaturas matemáticas o geométricas, respaldadas empíricamente por las leyes de la naturaleza, aconsejaban con ingenio: La divina proporción, el número de oro, etcétera, marcan pautas desde el tiempo de las Pirámides, Herodoto, Pitágoras… Matila Ghica van señalando caminos que orientan pero no resuelven.

Las culturas crean, a lo largo de su proceso secular, piezas que componen el patrimonio construido y admirado de la humanidad: la vista aprecia el volumen, la luz  y la sombra, los matices del color, se ayuda del tacto en el disfrute sensual de las texturas; del oído en el recuerdo del viento sobre la obra, del olfato en el olor de los materiales orgánicos, madero, telas, alfombras, tejidos.

Patrimonio que se convierte en memorable para los cultos, los historiadores, y en inspirador para quienes sirven a su vocación creadora positiva.

Pintores, escultores y autores del arte grande: La Arquitectura.

Las experiencias derivadas de la contemplación directa de tales obras animan la sensibilidad diferencial de cada arquitecto que, al interpretarlas, irá creando su repertorio. Repertorio que todo vocacional aspira a enriquecer y a pronunciar en idioma propio e intransferible.

En él está el valor de su firma: la contribución a la historia de las imágenes; su trascendencia. La vida eterna quedaría demostrada por el universal deseo de alcanzarlo. Y la búsqueda de la belleza se repite sobre caminos a cuya meta no se llega; estará siempre más allá.

byt-416039_640Cuando nos situábamos frente a un papel en blanco ­tiempos aquellos­ nos sentíamos paralizados ante el vacío. Una cuadrícula bastaba para ponernos en marcha. El lápiz guiado por la intención iba dejando su huella. Huella única que, si negada, borrada, se perdía.

Los volúmenes que, tras un largo proceso, aparecían, resultaban en porte respetables: eran hijos de un lento desarrollo que, paso a paso, había impuesto su presencia.Desde la aparición de los ordenadores de diseño las imágenes desechadas se archivan, nada se pierde; aquella combinatoria entra en juego y permite innumerables variaciones que se ofrecen a la vista para ser juzgadas y, en su caso, aprobadas y disfrutadas.

El número de opciones se multiplica, y, en su selección pueden entrar condimentos, antes inasequibles.

En la memoria de nuestro socio ­el ordenador­ se acumula una extensa biblioteca de recuerdos, materiales, colores, matices, con los que tejemos nuestro proyecto que, además, se va dejando vestir, prenda a prenda y, si queremos, en presencia de nuestro promotor. Además, herrramientas claves en estos días como los medidores o niveles láser son de gran ayuda para los arquitectos.

Él se verá incorporado en la autoría y en el trato del cuerpo arquitectónico que desea, al que habrá acariciado con sus criterios. Naturalmente, el arquitecto resulta el mago prestidigitador que le abre campos inesperados y se los enseña. Hoy, las correcciones actualizadas, son inmediatas. Y esas estampas súbitas sugieren réplicas que animan nuestra fertilidad.

Como efecto final, nos acercamos al objetivo.

Objetivo mucho más refinado que cualquiera de los de ayer.Y, a pesar de tanta facilidad, la belleza se mantiene esquiva. Y el acoso cada día más intenso.A lo largo de los ciento cincuenta últimos años, la tecnología constructiva y la aportación de nuevos materiales a la construcción: el acero, hierro enriquecido, las transparencias de gran dimensión, el vidrio ensamblado, el hormigón armado, últimamente el titanio, etcétera, han permitido alardes que, por el asombro que causaban, satisfacían al protagonismo inevitable y, quizás, conveniente del arquitecto.

El rascacielismo, la verticalidad, es modo que, por sus efectos mercantiles ­sus m2, al estar en la altura, permiten ver lejos­ no decae. Pero la competencia no se contenta con la desmesura: pide algo más.

De nuevo acucia el enigma ¿dónde está la belleza?Las alas de los aviones, abiertas en espectaculares voladizos, vencen, con su elegante esbeltez al rozamiento de un aire que se intensifica en función de la velocidad creciente. La horizontalidad, predicada por F. Lloyd Wright, toma buena nota y orienta arquitecturas que quieren despegarse del suelo en flotación espacial.

Los automovilistas, observadores vertiginosos de extensos paisajes urbanos, aprecian volúmenes y el juego que entre ellos se desarrolla entre perfiladas siluetas.

A su marcha rauda no ven los detalles ni el pormenor, que desaparecen, para quedar reservados al observador cercano y atemperado que gozará de la exquisitez en los herrajes y de la limpieza de los encuentros.Verticalidad, horizontalidad, velocidad han generado una plástica arquitectónica, decantada a lo largo de un siglo, el XX.Pero la ciudad vuelve a recuperarse como escenario y salón del hombre que la vive y la pasea al ritmo sereno de nuestro pálpito.

Reaparece el deseo de primor, del descansado mirar sobre la guapeza. Cada día es mayor el número de visitantes de los museos de Europa, el más culto de los continentes y no precisamente de sus superficies nítidas, sino de las que se labraron en bajorrelieve.En todo este período evolutivo ­150 años­ hemos tenido que imaginar lo que resultaría de nuestros proyectos. La tensión se hacía dramática si el proyecto se materializaba lejos de nuestro centro de operaciones.

Mis primeras obras, que visitaba cada semana, me regalaban sorpresas gratificantes. Pero, a escala natural, en su paisaje definitivo, me sugerían detalles que se debían incorporar a su cuerpo permanente.

El proyecto seguía vivo hasta la culminación de la obra. Los precios contradictorios encarecían. El cliente pagano reñía y todos sufríamos.Hoy, aquel cúmulo de experiencias que se dilataba a lo largo del período constructivo, desde su origen en el primer croquis, se vive día a día, en el estudio propio, cuando sobre la pantalla de nuestro ordenador van apareciendo terminadas nuestras distintas intenciones. Las primeras, secretas, cuando, solos, nos medimos.

Ya, contentos, invitamos a los nuestros y, si recibimos su aplauso, a los futuros dueños. La aventura es continua. Y nuestra profesión con ella se ha hecho mas intensa, apasionante en la sustancia, divertida en los adjetivos.El motor de nuestra vocación nos empuja hacia lo nuevo, lo nunca visto.

La invención convierte al autor en figura.Una manera fácil de alzarse en semejante camino es poner la meta en lo que jamás alguien propuso: voy a hacerlo mal. En esa dirección se han expresado diferentes arquitecturas. El contraventor de las leyes de la gravedad que inclina una torre, de modo que su eje se distancie de la vertical, sufre, claro, el encarecimiento considerable de la estructura pero, por otro lado, logra que se la mire (mientras dura la sorpresa).

Y ¿cuánto costaría en términos publicitarios semejante atención? El autor de superficies epidérmicas insólitas, para cuya realización tortura al esqueleto estructural que las soporta, puede justificar su extravagancia si su obra resulta aclamada.

Pero ¿qué pasaría si tales ejemplos proliferaran?

Ni el Greco, ni Gaudí, ni Ghery, ni Eissenman   crean Escuela (G. a D.). Los dos últimos han podido materializar sus sueños gracias al ordenador.

Las imágenes que sus pantallas reflejaban, fieles en su virtualidad a lo realidad posible, sedujeron a sus promotores.

Pero ¿es éste el camino que ha de seguir la arquitectura liberada, gracias a nuestra computadora, de limitaciones anteriores? o ¿no estamos más que viviendo el sarampión de la puesta en juego de un extraordinario juguete?

El mercado, el máximo común divisor de las opiniones, dictaminará democráticamente.

Pienso que nuestro socio nuevo ­el ordenador tan traído y llevado­ nos permitirá profundizar en los infinitos caminos de la arquitectura lógica no suficientemente explorados.

Y, entre ellos, renacerá la variedad, tan propia de las diferencias naturales de nuestro planeta amigo, en réplica al recetario internacional impuesto por la prepotencia comercial de algunas latitudes.Esta nueva riqueza de la estética varia acentuará el valor de la peculiaridad que, por su distinta ­distinguida y diferente­ apariencia encandiló la curiosidad eterna de los humanos.

Hoy, cuando la velocidad ha reducido distancias, parece conveniente ofrecer en cada punto de nuestro orbe la belleza singular que ahí, justamente ahí, corres- ponde.

Y la versatilidad milagrosa de nuestro nuevo socio es la oferta generosa que el siglo XXI regula al talento.

23 Dec

El esqueleto de la arquitectura nacional

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La arquitectura es un Arte que se proyecta con inspiración  servida por la técnica capaz de realizarla.

Quien la sueña  tiene en cuenta el fundamento estructural de su edificio,  de su ciudad, del entorno sobre el que va a operar.
Ningún arquitecto que quiera eternizar su obra pulveriza  el terreno, si consolidado, sobre el que va a asentar las  cimentaciones de su construcción. Construcción a la que  pertrechará para aguantar los vendavales que  intermitentemente van a azotarla.

La arquitectura de  España parece estar sufriendo hoy la negación de aquellos  principios elementales.

La historia basamental  elaborada a lo largo del pasado merece ser contada en un  lenguaje compartido, soporte culto de nuestro orgullo;  lenguaje, el español es de todos y del mundo, que por  resumir tantos hechos convocadores de cercanías y  distancias, de alegrías y dolores universales, no puede  ser elemento de discordia; más bien se ocuparía de  resaltar los recuerdos comunes felices -que los hay- y así  recrear un amor ante el que se puedan hacer concesiones  que nunca se permitirían frente a un paisaje de odios.

origami2A  medida que avanza la tecnología, su aplicación a la  investigación histórica permite un conocimiento más  certero e imparcial de la materia que debería convertirse  en mensaje pedagógico para entrañarse en el sentimiento de  nuestros hijos. La historia así conocida nos uniría; la  geografía lo haría de modo aún más evidente. La propiedad  de ambos conceptos sería defendida por una fuerza ejercida  potencialmente por un solo ejército, presidido por una  sola cabeza, símbolo pacificador personalizado de una  patria de todos.

Patria que sería representada ante el  mundo por un cuerpo diplomático dispuesto siempre a cuidar  la paz, pero, también, a declararse embajadora de una  fuerza vindicativa desde el conjunto del estado.

Estas  afirmaciones, lugares comunes hasta hace poco, parecen  bastardearse: Si se buscan y desentierran elementos  corrosivos y disolventes de un pasado asumido por  digerido; si se juzgan y critican sectariamente períodos  archivados de la historia; si se denigran,  seudointelectualmente, sentimientos religiosos o místicos,  que fueron argumentos conformadores de nuestra identidad  viva y variable, pero desde su sensato asentamiento; si se  atiende a desmembrar una unidad entronizada secularmente y  consolidada desde antiguo.

Sinrazones todas que  examinadas sorprenden por su coincidencia con los flujos  que socavaron hace doscientos años nuestros fundamentos  nacionales, en beneficio de los dos poderes continentales  máximos en la época, Francia e Inglaterra, cuyo empeño  ejercía especial énfasis en la pérdida de nuestras  colonias, riqueza que engrandecía comparativamente a  España.

En consecuencia, si tales flujos  favorecieron la subversión iberoamericana desde las logias  vecinas que promovían la escisión de aquel continente de  su alma mater, hoy parece que resucitan para desgarrar a  la misma madre, justamente cuando revivía tanto a escala  patria como internacional.

Y resulta lógico suponer la  existencia de un nuevo directorio destructivo  internacional inspirador de su cofradía de secuaces  locales. Prefiero creer que el mal viene pastoreado en  parte desde fuera a suponer que sólo es fruto de un  resentimiento individual localizado.

Tales sicofantes  no tendrán que levantarse en armas para promover la  independencia de sus acólitos y tengo por seguro que no  serán esculpidos como heroicos jinetes a caballo.

La  historia los retratará como merecen: inocuos leguleyos,  mercenarios de un triste poder.

Cuando se predica un  federalismo a ejemplo de otros grandes países, debe  recordarse su apasionada y orgullosa defensa de los  símbolos comunes, de su patria grande, de su nombre y  bandera. Nada que ver con los que nos cuenta un sermón que  niega un sustantivo histórico -España- para sustituirlo  por un apelativo administrativo -Estado español- que ni  siquiera porta estandarte.

La España futura, enraizada  en su semilla milenaria e imperecedera, fructificará  estructurada y alegre tan pronto como se despierte del mal  sueño, para alistarse a uno joven y fresco en el que:

1.la  historia sea la verdadera y así los jóvenes escolares de  Cataluña y el País Vasco que han sufrido a lo largo de los  últimos años su denigración puedan ser recuperados para un  proyecto cordial de patria común en el que se recuerde el  largo período de la reconquista a la que tan heroicamente  contribuyeron ambas regiones;

2.la economía sea ordenada  según un sistema ganglionar cuyos nódulos residan y  resuelvan en cada autonomía; y así se descargue al  sobredimensionado núcleo cardinal que, de este modo,  quedaría circunscrito a ser puro coordinador positivo;  incluso, se convertiría en amable y capaz de ser apreciado  como una de las vitaminas recreadoras del orgullo patrio;  orgullo desde el que se aportaría al conjunto de Europa la  correspondiente contribución hacia un mundo armónico;

3.la  administración eficaz, por competitiva, desde cada  autonomía, será capaz de financiar al centro en sus  funciones de gobierno de la justicia, la educación, la  defensa, la política exterior y las conexiones de la obra  pública de forma que España, coronada y simbolizada por su  bandera, se sienta bien consigo misma en la unidad que se  enriquece con las peculiaridades de cada una de sus  autonomías.

Peculiaridades bien compiladas en Madrid,  ciudad acogedora e imparcial -virtudes aprendidas en más  de 455 años de capitalidad- estación imprescindible del  circuito universal, sede crucial de un idioma que, al ser  vehículo comunicador de cuatrocientos millones de seres,  se convierte en ágora universal de una cultura, la  nuestra.

Al releer lo escrito me digo: Para qué me meto  yo, que nunca me he bajado del andamio, en semejantes  disquisiciones, y me excuso al darme cuenta de que soy un  español más que no se puede contener cuando le tocan su  casa, cuando están intentando hacer temblar la  arquitectura de su España.

17 Dec

Esculturas y dibujos muestran la faceta más íntima del arquitecto Santiago Calatrava

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El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) inauguró ayer la primera retrospectiva dedicada a los dibujos y esculturas del arquitecto valenciano Santiago Calatrava.

Más de un centenar de obras desarrolladas en el campo de la experimentación formal, de investigación y búsqueda, en el que se expresan en toda su libertad y rigor las inquietudes estéticas del constructor, según explicó el director del museo, Kosme de Barañano.

Calatrava, quien duda de su capacidad creadora en este campo, confesó estar muy interesado en la reacción del público tras conocer esta selección.

El arquitecto valenciano de mayor proyección en el mundo, Santiago Calatrava, contempla ahora una parte de sí mismo en el IVAM.

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Esculturas y dibujos que, hasta el momento decoraban las paredes y rincones de su casa, ahora presiden la sala exterior del museo valenciano. Jamás pensó en ellas como parte de una exposición, sino más bien como otra forma de expresión artística más libre y no ligada a las necesidades físicas o a la exigencia funcional del objeto.

Se trata de más de un centenar de obras en torno a los principales paradigmas de su producción: equilibrio, movimiento, flexibilidad, suspensión, biomorfismo y, ante todo, cuerpo humano. Claves presentes en mayor o menor medida en toda su obra y que ahora organizan elocuentemente los objetos.Esta es la primera retrospectiva dedicada a los dibujos y esculturas del artista.

Hasta el momento su trabajo como ingeniero y arquitecto ha copado la atención de comisarios e instituciones. Sin embargo, el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Arnaldo, se interesó por mostrar la cosmovisión de un «creador multiforme».

Íntimo recorrido

Veinte años de trabajo a través de 51 esculturas, 80 dibujos, 5 desplegables de gran tamaño y 15 cuadernos de dibujos. Un íntimo recorrido por la faceta menos conocida de Santiago Calatrava, aunque no por ello menos valiosa.

Una faceta que le ha permitido establecer un diálogo: «Entre mí y mí mismo y siempre con muchas dudas sobre mi capacidad para expresarme a través de la escultura y el dibujo», según explicó ayer durante la presentación. La muestra supone un gran estímulo para este artista que  se mostraba muy interesado en conocer y observar la reacción del público ante esta parte tan desconocida de su producción.

Según el director del IVAM, Kosme de Barañano, los dibujos muestran la habilidad técnica del arquitecto valenciano y cierto anticipo de sus creaciones arquitectónicas. Además son «expresión de emoción» de este creador valenciano, Premio Príncipe de Asturias de las Artes y conocido por sus grandes creaciones arquitectónicas, como la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, la estación del aeropuerto de Lyon o la Estación de Stadelhofen de Zurich.

Calatrava asegura que la arquitectura supone una «dimensión más potente y más fuerte en cuanto a la escala» pese a que es necesario entenderla como un arte y, en consecuencia también lo es la ingeniería. Así, en el dibujo se encuentra la «parte más íntima» y en la arquitectura su proyección.

Acompañado en la presentación por su esposa y su hija, el arquitecto e ingeniero destacó la influencia que desde muy joven han tenido las matemáticas en su creación, además de otras artes, como la música de Bach o de otros artistas como Eduardo Chillida, Pablo Picasso y el propio Julio González, que da nombre a la sede principal del IVAM.

La selección, que podrá ser contemplada hasta el próximo 26 de agosto, ofrece una visión global de sus esculturas y dibujos a través de cinco capítulos. «El ojo como canon» abre la exposición presentando este motivo que tan vital es en la obra del arquitecto, como se muestra en la escultura «Standing bird».

En «El espejo del equilibrio» se encuentran las piezas escultóricas en las que ensaya con «relaciones de equilibrio entre masas sometidas a empujes que alteran su sistema estático». «Sinergia. Formas y modulación de energías», «Máquinas biomórficas» y «El laboratorio de la levedad.

Movimiento y proporción» acogen las grandes piezas, las móviles, y retoman el tema planteado al comienzo de la exposición con la escultura «Winking eye», obra biomórfica que sinula el movimiento de un gigantesco ojo de latón que cierra y abre sus párpados.

15 Dec

Más que interiorismo

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Nacía hace cien años en Guadalajara (México) Luis Barragán.

Ahora, al principio del nuevo milenio, la celebración de su centenario obliga inexcusablemente a volver la mirada hacia aquel arquitecto único, muy especial, que prefería «el abrigo de los muros a la intemperie de los ventanales».

Barragán, que fallece en 1988, había conseguido en 1965 traspasar la frontera del norte y de paso obtener un gran prestigio internacional mediante su colaboración con Louis Kahn en el Salk Institute.

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Posteriormente la exposición organizada por el MoMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York) en 1976 y la concesión en 1980 del Premio Pritzker ­en su segunda edición­, llevarán a Barragán a convertirse en el arquitecto de culto que es hoy en día.De ahí, que esta efeméride nos brinde una ocasión de lo más oportuna para reflexionar sobre la trascendencia de su legado.

Por una excesiva simplificación, Luis Barragán corría el riesgo de convertirse en el simbólico «enfant sauvage» de una cierta arquitectura indigenista: más cercano a esa edulcorada retórica que suele acompañar a la literatura fácil ­los adjetivos que más se utilizan al describir la obra del arquitecto mexicano suelen ser «poético» y «luminoso», o lo que es aún peor: ambos juntos­, que al hermetismo sutil y sereno, y desde luego más cercano en espíritu al espacio reflexivo que suelen representar nombres como Chirico, Mendelshon o Asplund.

Sin duda, a esta confusión contribuyó tanto la famosa exposición del MoMA, como su aún más conocido catálogo. Una celebración donde Emilio Ambasz oficiaba como comisario y responsable (arquitecto, por cierto, que en la actualidad prefiere no hablar en público sobre la obra de Barragán, dada las complicaciones legales que dicha muestra ocasionó frente a los herederos del colega mexicano).

Bien es verdad que dicha presentación fue memorable en muchos aspectos ­sin ella Barragán probablemente no hubiese alcanzado el reconocimiento actual­, pero lo cierto es que se limitaba a recoger únicamente siete proyectos y que en el catálogo se presentan dentro de una estética demasiado condescendiente con el gusto norteamericano: excesos de colorido en las reproducciones, decididamente más próximas a la estética del technicolor que a la realidad; cierta tendencia a la presentación escenográfica ­las fotografías de la Capilla de las Capuchinas Sacramentarías (1955)  parecen sacadas de una representación de «Diálogo de Carmelitas»­.

Pero sobre todo, la práctica ausencia de documentación gráfica mediante planos de planta, alzado o sección, terminaba por colocarla peligrosamente en el insuficiente mundo de las revistas de interiorismo.Hasta cierto punto aquel error no deja de ser comprensible. Inconscientemente permitía que la indiscutible resonancia intimista de una labor tan exquisita como llena de colorido terminase por ocultar la preocupación por un modo de construir arquitectura.

En cierta medida, era ese rechazo por aceptar lo elemental como lenguaje arquitectónico y su declarada voluntad de renuncia frente a lo innecesario, lo que hasta el momento no nos dejaba asumir la compleja reflexión que esconde la obra de Luis Barragán.

En los muros, los tapiales y las cuadras de Barragán seguramente hay que buscar otra forma de resistencia ante el avance de la desaforada tecnología del mundo moderno y no tanto una forma de entender cómo la evolución puede afectar al uso de lo tradicional. Un testimonio que, gracias al maestro mexicano, nos ayudó a celebrar, por primera vez con tintes abrasadores, el ya casi olvidado ceremonial de la inocencia.